Cómo hablar de sexo a los hijos adolescentes

julio 14, 2010


ESCUELA PARA PADRES

30 Virtudes y valores humanos como base para la educación sexual de los hijos.  

No existe la educación sexual de los hijos, sin relacionarla con las virtudes y valores humanos. Los padres tienen obligación de saber, cómo encarar la educación sexual de los hijos, en función de lo que son ellos y de lo que quieren ser en su vida, teniendo en cuenta como prioridad su religiosidad, madurez de personalidad y no los aspectos técnicos y científicos. Esta educación, solamente puede ser presentada de manera integral y coherente, con la formación moral y religiosa, por lo que nadie tiene el derecho a sustituir a los padres para enseñársela. 

El sexo es una parte muy importante de la vida. Está ahí y no puede ignorarse, pero tampoco debe pensarse que es el epicentro del mundo, por mucho que la misma vida, soportada por lo medios de comunicación, intenten mezclarlo con todas las actividades y ponerlo como eje de nuestra existencia. Es muy importante reconocer la importancia y dimensión moral y religiosa que tiene y explicarlas bien a los hijos. 

Ni el Estado, ni las escuelas, ni nadie, puede obligar a los padres a que sus hijos reciban en las escuelas, unas enseñanzas que vayan en contra de sus convenciones morales y religiosas, pues la educación sexual de los hijos, es un derecho básico, innegociable,  irrenunciable e intransferible de los padres y debe ser impartida por ellos mimos, bajo su guía o por quien ellos, con plena libertad y conociendo, deleguen el alcance de esa obligación. 

Únicamente son los padres los que tienen que decidir la enseñanza y la conducta sexual de los hijos y oponerse. Tienen que defender su libertad y su derecho, a cualquier injerencia ideológica de los Estados que quieran realizar a través de los profesores o sexólogos, en la enseñanza de esta materia, pues es un grave error dejarla en manos de estos. La raíz de la solución al problema de la educación sexual y para evitar las conductas de riesgo, es educar a los hijos en una sexualidad responsable, dentro de los criterios de la moral y la religión. 

La mayoría de las veces que tratan los Estados sobre educación sexual, suelen producirse resultados irreversibles. Cuando surja un problema motivado por esa mala educación, ellos no van a estar con el hijo. Los únicos que van a estar con los hijos son sus padres. Las consecuencias de una explicación distorsionada, que deje aparte la educación moral y religiosa en el tema sexual, pueden conducir a graves situaciones, donde los únicos perjudicados son los hijos y los padres, no los maestros ni los sexólogos. Así que padres, ya lo saben: Mucho ánimo, nunca es tarde, nunca es inútil y nunca es en vano. 

La sexología no estudia la parte moral y religiosa de la sexualidad humana. Se centra únicamente, bajo el punto de vista científico, en su funcionamiento genital, fisiológico, social y psicológico. Por lo tanto la parte más importante para las personas y especialmente en la formación de los hijos, es la parte moral y religiosa, la materia que no estudian los sexólogos. Por esta premisa, de muy mala forma podrán darles consejos morales y religiosos a los hijos. 

Los padres tienen que estar muy bien informados, sobre todos los aspectos relacionados con la sexualidad de sus hijos. Para ello disponen de muchísimos libros, conferencias, páginas de Internet, etc. Pero sobre todo, deben informarse bien de los sacerdotes, pastores, rabinos, imanes y personas bien formadas, que sean expertos en enseñar este tema. Todos los padres han sido cocineros antes que frailes y saben cuales fueron sus puntos fuertes y sus puntos débiles, sus éxitos y sus fracasos, en el tema sexual. Para la época actual, tienen que añadirle un coeficiente multiplicador del mil por uno, puesto que los hijos están sometidos a una constante presión sexual, por sus amigos y por la sociedad en general, que se refleja en los medios de comunicación, Internet y las pantallas electrónicas. 

El amor dentro de la sexualidad es la plenitud. La relación sexual es la manifestación física del amor, por lo que no se puede reducir a un simple tema de genitales y de reproducción, ya que la genitalidad es algo muy personal e intimo de cada persona y está complementada con los sentimientos, los afectos y la educación y práctica de las virtudes y valores humanos. La realidad científica de la sexualidad, es labor de otros profesionales, pero la educación sexual en sus aspectos morales y religiosos, es obligación insustituible e irrenunciable de los padres. 

30 Virtudes y valores humanos, como base para la educación sexual de los hijos. Para tener buenos resultados con los hijos, en la enseñanza de la sexualidad, es imprescindible que los padres, previamente, les hayan puesto los cimientos de una buena formación moral y religiosa. No se puede empezar la casa por el tejado, ni enseñar sexualidad a los hijos, si no tienen el soporte, entre otras muchas cosas, en el ejemplo dado por las padres y en tener un gran conocimiento y una buena práctica, de las siguientes virtudes y valores humanos: 

Abstinencia, amor, autodisciplina, castidad, decoro, decencia, educación, familia, fe, fortaleza, generosidad, honestidad, modestia, obediencia, oración, orden, paciencia, perdón, prudencia, pudor, pureza, recato, religiosidad, respeto, responsabilidad, sencillez, templanza, tolerancia, virginidad masculina y femenina, voluntad, etc. 

La forma y profundidad de enseñar las virtudes y valores humanos, relacionados con la sexualidad, dependerá de la edad fisiológica y mental, de cada uno de los hijos o hijas. Aunque en la escuela todos tienen la misma edad aproximadamente, los condicionantes educacionales, físicos y mentales, pueden ser totalmente diferentes. No puede ser “café para todos”. Es un tema tan importante, donde cualquier error en la educación moral de la sexualidad de los hijos, puede tener resultados catastróficos e irreversibles. 

No se puede dejar la educación sexual de los hijos, en manos de los maestros de la escuela ni de los sexólogos, pues aunque tuvieran muy buenas intenciones, jamás podrían sustituir a los padres, ni a los sacerdotes, pastores, rabinos o imanes. Cómo se va a poder hablar de sexo a los niños en una escuela, si en el aula hay niños y niñas en diferentes edades y circunstancias personales y mentales, totalmente heterogéneas, y donde el conocimiento de la interioridad de los niños, por parte de los maestros, es nulo o prácticamente nulo, en comparación con el conocimiento que tienen sus padres. 

Algunas veces los padres no saben, no se sienten seguros, o creen que no están muy bien preparados, para cumplir su misión educativa, que es hablar con sus hijos, para guiarles hacia la plenitud de su desarrollo físico, mental y religioso. Si no se atreven a hablarles sobre la moralidad y religiosidad de la sexualidad, deberán formarse profundamente en este tema, para buscar el conocimiento y las herramientas necesaria, que les permita hacerlo. Así educaran unos hijos, para que sean felices y no se metan en problemas sexuales. Si no se forman adecuadamente, sus hijos muy posiblemente, recibirán la información inadecuada a través de sus amigos o en lugares, donde no siempre tienen buenas intenciones. Si los padres creen profundamente en la verdad de lo que dicen, los ataques que reciban por mantener con firmeza su derecho a educar, no pueden tener otro efecto que el de reforzar su verdad. Y estas conversaciones, tan íntimas e importantes, donde se habla, uno a uno, con los hijos, les unen mucho más con los padres y quedan siempre en el recuerdo. 

Hay muchas cosas a tratar con los hijos relacionadas con el sexo, pero cada una a su debido tiempo. Desde muy pequeños, los padres tienen que enseñar a sus hijos las características del cuerpo humanos, así como las grandes diferencias fisiológicas entre los sexos. A tener un cuidado exquisito con su propio cuerpo, haciendo hincapié en la práctica de las virtudes y valores humanos, así como los peligros que representa para ellos y los demás, las acciones y las miradas que conlleven desvergüenza, descaro, inmodestia, indecencia, consentimiento, indiscreciones, etc. 

No se les puede enseñar las mismas cosas a los hijos pequeños, que a los adolescentes. Estos tienen que tener las bases bien aprendidas desde pequeños, para que puedan entender y llevar a efecto las enseñanzas que sus padres les vayan dando. Los padres deben enseñarles que el sexo humano, no se puede reducir únicamente a conceptos de placer. Que delante del sexo hay todo un por qué de su existencia y utilización, ya que es la máxima expresión del amor, reflejado entre dos personas diferentes. La sociedad actual lo presenta como una visión muy superficial, de una parte de la vida. 

La mayoría de los hijos suelen pedir que sean sus padres quienes les eduquen sexualmente. Las preguntas difíciles y las dudas, prefieren hacérselas a los padres, antes que a los maestros e incluso mucho menos hacerlas públicamente, delante de sus compañeros en la escuela. Muy pocos prefieren ser educados por personas ajenas a sus padres. Cada hijo es distinto y por lo tanto con necesidades y capacidades diferentes, que le llevan a que esa necesidad de conocer su sexualidad, que tienen en potencia, la quiera vivir en plenitud de forma íntima. Si en algún momento, los hijos no quieren o no se atreven a hablar con sus padres de este tema, es que no ha habido una educación sexual desde la niñez y por lo tanto, faltan de incorporar a su vida la práctica de las virtudes y valores humanos, relacionados con la educación sexual. 

Algunos adolescentes se creen que saben todo sobre la sexualidad, porque se lo ha explicado un compañero de la escuela, los maestros, los sexólogos, se han leído un libro sobre la materia o han navegado en las páginas de Internet, pero al final, no saben nada. Muchas veces tienen demasiada información recibida de gente con poca formación. Pero también tienen la ignorancia de que saben ya todo, lo que conlleva muchos más problemas, porque tienen que enfrentarse a situaciones que antes no tenían y no están preparados. Hay otros jóvenes que no quieren saber todo, porque reconocen que aun no es su tiempo. El sabio cree que no sabe mucho y el ignorante que sabe todo. 

Normalmente están desinformados de la cruda realidad y se encuentran solos frente a los peligros, que lleva una mala o peligrosa educación sexual. Hoy los medios de comunicación, los maestros y los sexólogos dicen a los jóvenes que estén tranquilos y que no les va a pasar nada: Que hagan lo que quieran, con quien quieran o puedan, cuando y como quieran. Solamente les dejan una premisa, que se pongan el preservativo. Es como decir al hijo coge la motocicleta, vete a la velocidad que quieras, por la calle prohibida que quieras y como quieras, pero, es si, ponte el casco. Seguro que se matarán o que se quedarán parapléjicos. 

Los hijos a determinadas edades, deben conocer los riesgos de las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Hay que decirles la verdad y contarles los riesgos que conllevan para toda la vida, como empiezan en bromas y terminan muy en serio.  En el aspecto sexual, el final de la promiscuidad, es morirse enfermos de sida, de venéreas, de papiloma, etc. Las enfermedad de transmisión sexual, en 40 años, han pasado de 5 enfermedades, que padecía el ser humano, a 33 enfermedades distintas y esto se debe al cambio de actitud y conducta en la sexualidad, al no haber habido una educación sexual, dentro de la moral y de la religión. Las enfermedades de transmisión venérea las curan los médicos, no maestros ni los sexólogos. Estas enfermedades se contagian por el simple contacto, aunque se usen preservativos. 

Los padres tienen que hacer hincapié en cuidar la sensibilidad y la privacidad de sus hijos, pues entre los maestros y los sexólogos, suele abundar la información, pero escasear la formación, lo que produce daños irreparables entre los hijos. No se puede reducir la enseñanza de la sexualidad, exclusivamente a la prevención de riesgos por saber usar bien el preservativo. 

La sexualidad humana es preciosa, la llave de la felicidad, el amor de dar y recibir, que se debe vivir en plenitud con la persona que se ama, aunque haya que esperar. Un padre que quiere a sus hijos, les dirá que es preferible que esperen a su madurez, porque nadie se ha muerto por mantener la abstinencia. 

Las relaciones sexuales promiscuas, producen en los jóvenes mucho pesar, pues creen que van a ser muy felices, por el hecho de entregarse mutuamente y de sentirse queridos, pero inmediatamente comprueban que no es cierto. Que lo que suele ocurrir, pasado un tiempo es, “que si te he visto, no me acuerdo”, máxime, si como es normal, se presentan los embarazos inesperados y tienen que enfrentarse a maternidades muy jóvenes, a los abortos y los síndromes post aborto.

Francisco (Blog “Mi cumbre”)

Fuente: http://blog.micumbre.com/2010/07/09/como-hablar-del-sexo-a-los-hijos-adolescentes/

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