Por el verdadero matrimonio
mayo 25, 2010
Una mujer criada por su padre homosexual da testimonio y pide a los gobiernos que protejan el verdadero matrimonio.
http://www.dawnstefanowicz.com/: Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestos a este estilo de vida.Las consecuencias
“Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían”, sostiene Stefanowicz.
Según informa ForumLibertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés) Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.
Stefanowicz explica en el sitio web “cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar”.
Su testimonio:
En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. “Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas”, relata.
“Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991″, recuerda.
Según Stefanowicz las “experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas”.
“Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años”, sostiene.
Stefanowicz recuerda que “desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre”.
“Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños”, señala.
Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.
“Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias”, explica.
“Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños”, concluye.
http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/2010/04/impactante-testimonio-mujer-criada-por.html
Fuente original: ACIPRENSA
Amor y Sexo (Viktor Frankl) (1)
abril 28, 2010
Matrimonio y amor parecen ser dos cosas estrechamente relacionadas. Pero esto sólo pasa desde que existe el matrimonio de amor […] un fenómeno relativamente reciente […]. Cabe decir, no obstante, que el amor es generalmente la condición y el requisito de eso que se llama un matrimonio feliz. La cuestión es si la felicidad basada en el amor es duradera. […]
Ahora bien, ¿qué es el amor? ¿Es la simple y estricta sexualidad, como creyó Sigmund Freud, susceptible únicamente de transformarse en una sublimación de las energías sexuales? Tal es la tesis del reduccionismo, que intenta convertir todo fenómeno en epifenómeno, haciéndolo derivar de otros fenómenos. Pero el reduccionismo no se basa en datos empíricos, sino en una visión del hombre que no formula de modo explícito: la prosupone sin más. […]
Pero si no queremos someter un fenómeno como el amor al lecho de Procusto de interpretaciones y adoctrinamientos arbitrarios y aspiramos a aprehenderlo sin merma, no será suficiente una exégesis psicoanalista y tendremos que recurrir a un análisis fenomenológico. En esta perspectiva el amor aparece como un fenómeno antropológico de primer orden. El amor, en efecto, se revela como uno de los dos aspectos de eso que yo llamo la autotrascendencia de la existencia humana […], el hecho antropológico fundamental de que el ser humano remite siempre, más allá de sí mismo, hacia algo que no es él: hacia algo o hacia alguien, hacia un sentido que el hombre colma o hacia un semejante con el que se encuentra. Y el hombre se realiza a sí mismo en la medida en que se trasciende: al servicio de una causa o en el amor a otra persona. […] El hombre sólo es plenamente él mismo cuando se pasa por alto y se olvida de sí mismo. ¡Qué hermoso es un niño cuando se le fotografía y él no se da cuenta, absorto como está en el juego! (2)
Antes hablamos de encuentro: ¿Es que hay que definir el amor como encuentro? El encuentro es una relación con un semejante en la que se reconoce a éste como ser humano. […] Hace a la actitud esencial del hombre que el semejante nunca sea degradado a simple medio para un fin. (3)
Ahora bien, parece que el amor supone un paso más respecto al encuentro, ya que no se limita a acoger al semejante en su condición humana, sino además en su unicidad y singularidad o, lo que es lo mismo, como persona (4). Porque la persona no es un ser humano como los otros (5), sino diferente de los otros, y en esta diferencia resulta ser algo único y singular. Y sólo cuando el amante acoge al amado en su unicidad y singularidad , éste se convierte para él en un tú (6).
El primer aspecto de la autotrascendencia, la búsqueda y alcance de un sentido, puede expresarse con un concepto […] que yo suelo llamar “deseo de sentido”, […] una motivación sui generis que, como tal, no se reduce a otra motivación (reduccionismo), ni puede derivarse de ella. Abraham H. Maslow llega a afirmar que el deseo de sentido es la “motivación primaria”, base de la conducta humana.
Pero actualmente podemos observar la constante frustración a que está sometido este deseo de sentido, y los psiquiatras vemos cómo el sentimiento del absurdo le arrebata la primacía como origen de la neurosis, incluso en los países comunistas y en desarrollo, al sentimiento de inferioridad descrito por Alfred Adler (7). Este sentimiento de absurdo va acompañado de una conciencia de vacío que yo llamo “vacío existencial”. Y en esta vacío existencial prolifera la libido sexual. Sólo de este modo se puede explicar la inflación sexual que ha producido en nuestro tiempo. Como toda inflación, incluida la del mercado de dinero, conduce a una devaluación. La sexualidad […] se va desvalorizando en el curso de la inflación sexual a medida que se deshumaniza. Porque la sexualidad humana es más que la mera sexualidad. Y lo es en la medida en que viene a ser la expresión de una relación amorosa.
Sin embargo, la afirmación de que la sexualidad humana es más que mera sexualidad no es suficiente, porque también la sexualidad animal supera lo meramente sexual. Irenäus Eibl-Eibesfeldt ha hecho notar […] que “el comportamiento sexual de los vertebrados está al servicio del grupo”, especialmente en los primates. […] “la unión sexual cumple en el ser humano la doble finalidad de la procreación y la vinculación a la pareja. Pero el hecho de que la sexualidad esté al servicio de la vinculación a la pareja presupone una relación interhumana, es decir, el amor como unión individualizada. El amor es una relación interhumana individualizada, y un cambio constante de pareja está en contradicción con él.” […] El ser humano “muestra en este sentido una tendencia congénita a la relación conyugal duradera”. […] “Una desindividualización de la relación sexual […] significaría la muerte del amor”.
Es más: la “muerte del amor” acarrearía, a nuestro juicio, una disminución del placer. […] Cuando la sexualidad no es ya expresión del amor, y pasa a ser un medio para la obtención de placer, este mismo placer fracasa; […] cuanto más se busca el placer, más se escapa éste. Mis experiencias me dicen que la impotencia y la frigidez obedecen en la mayoría de los casos a este mecanismo. […]
Según esto, la optimización del goce sexual exige que no se aísle ni se desintegre la sexualidad separándola del amor y deshumanizándola. Pero no debemos olvidar que la sexualidad así deshumanizada no se humaniza de pronto, sino que requiere un proceso. Tomemos, […] para explicarlos, un par de conceptos de Sigmund Freud: la distinción entre objetivo y objeto del instinto. Cuando empieza en la pubertad el desarrollo y la maduración de la sexualidad en sentido propio se produce la descarga de tensiones sexuales acumuladas -en el sentido de un objetivo del instinto-, una descarga que no hay por qué concebir en forma de acto sexual: para esto basta la masturbación. Sólo en una fase posterior del desarrollo y la maduración sexual se agrega un objeto de instinto, aparece en el horizonte una pareja idónea para el acto sexual, una pareja cualquiera: para esto basta una prostituta.
Esto significa que la sexualidad no alcanza aún en esta fase el plano propiamente humano, no está aún del todo humanizada, ya que en el plano humano la pareja no pasa a ser objeto, sino que es sujeto y, sobre todo, no puede ser utilizada como mero medio para un fin, el fin de la satisfacción del instinto o de la obtención del placer. Lo cual no excluye obviamente que el placer aparezca tanto más, cuanto menos el hombre se preocupe por él.
¿Qué ocurre cuando el hombre, en su desarrollo y maduración, se estanca en la primera o en la segunda fase, o “regresa” a una de las dos fases? Mientras el individuo se encuentra en la primera fase y cree poder realizar el acto sexual sin el objeto del instinto […] necesita de la pornografía. Pero si no ha pasado más allá de la segunda fase, esta “fijación” se manifiesta en la promiscuidad, y en todo caso ya le basta la prostitución.
Resulta así que tanto el consumo de pornografía como la necesidad de prostitución, incluida la necesidad de promiscuidad, son síntomas de retraso psicosexual. […] Pero la industria del placer sexual tiene buen cuidado de glorificarlos sublimándolos como “progresistas”. La industria de la “ilustración sexual” contribuye a ello denunciando la hipocresía, pero procediendo a su vez hipócritamente al clamar por la “libertad de expresión”, con lo que quiere decir “libertad para el negocio y el lucro”. El resultado de todo esto es una presión de consumo sexual que genera trastornos de potencia. Estos trastornos […] suelen producirse cuando el paciente tiene la impresión de que la potencia es un “rendimiento” que se espera de él, que se le exige y reclama, sobre todo cuando la exigencia procede de su pareja. […]
He dicho que la sexualidad humana se deshumaniza cuando queda degradada en simple medio para la obtención de placer. Pero también es un abuso considerar la sexualidad como mero medio para la reproducción en lugar de dejarla ser lo que es: expresión del amor. Y precisamente una religión que define a Dios como amor debía haber evitado definir ex cathedra que el matrimonio y el amor sólo tienen sentido si se ordenan a la procreación. En todo caso, esto se proclamó en una época en la que no sólo el casamiento por amor era una excepción, sino que lo normal era una gran mortalidad infantil. Hoy nos encontramos, en cambio, con el problema contrario: la explosión demográfica. Y tenemos “la píldora” a nuestra disposición. Pero la píldora sólo puede contribuir a humanizar la sexualidad si ésta se emancipa: la sexualidad sólo pasará a ser la culminaición del amor si se pone voluntariamente y temporalmente, y no forzosamente, al servicio de la procreación.
BIBLIOGRAFÍA
Frankl, V. 1994 El hombre doliente Barcelona: Herder
Luetich, A. 2002 Beata y Sofía Rosario: edición del
http://www.luventicus.org/articulos/03U013/index.html
NOTAS
(1) Contribución del autor a una obra colectiva japonesa y a otra obra similar danesa de 1973.
(2) Encuentro una gran cercanía entre estas palabras de Frankl y la expresión de Jesús respecto de que quien quiera ingresar al Reino de los cielos deberá ser como un “niño”. Por el contrario, considero esta imagen muy alejada del espíritu que se transforma en “niño”, según el Zaratustra de Nietzsche (De las tres transformaciones del espíritu). Tanto en Frankl como en los Evangelios, se destaca del niño su capacidad de concentrarse y contemplar con asombro las maravillas que lo rodean. El niño de Nietzsche es, por el contrario, creador que genera nuevos mundos sin el peso de la responsabilidad por sus actos.
(3) Frankl hace aquí una explícita alusión a la “segunda versión del imperativo categórico de Immanuel Kant“.
(4) Al señalar que no toda relación humana es una relación personal, Frankl se suma al planteo de Gabriel Marcel, quien denomina justamente a las relaciones personales “relaciones intersubjetivas” o “relaciones de amor”.
(5) El Principito de Saint-Exupéry les dijo a las rosas que encontró un día en el jardín, y que por fuera se parecían a su rosa: “No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún.”
(6) Si profundizamos la línea de reflexión que iniciara Feuerbach y continuara entre otros Buber sobre la “relación yo-tú”, deberíamos concluir que, como el “yo” surge sólo allí donde hay un “tú”, y el “tú” sólo se da en la relación personal o de amor, no hay “yo” sino a partir de una relación de amor fundante.
(7) En la segunda mitad del siglo XIX, Nietzsche anunció con crudeza la llegada del nihilismmo y señaló como esencial al hombre la “voluntad de poder”. Tanto Frankl como Adler, cada uno a su manera, prosiguieron la reflexión nietzscheana. Adler centra su atención en la “voluntad de poder” y Frankl en la “voluntad de sentido”. En este pasaje, Frankl señala que el nihilismo o “sentimiento de absurdo”, que atenta contra la “voluntad de sentido”, es un generador de neurosis mayor que el “sentimiento de inferioridad”, que atenta contra la voluntad de poder. Con ello pretende mostrar que la supuesta primacía de los instintos más bajos —proclamada por los “reduccionismos” con sus explicaciones ab inferiori del placer (Freud) y del poder (Adler)— no es más que mera suposición y que los datos de la experiencia clínica muestran a la voluntad de sentido como una fuerza tanto o más primaria (básica) que aquellos.
Educar en la sexualidad en una sociedad plural
abril 16, 2010
En la sociedad española existen variadas formas de entender la sexualidad, dada la pluralidad de concepciones de la persona y la moral que coexisten. Al menos hay dos enfoques radicalmente contrapuestos: el que hunde sus raices en la antropología del humanismo cristiano que vincula la sexualidad a la complementariedad natural hombre-mujer, a la capacidad enriquecedora de crear una familia y a la apertura a la vida, por un lado; y,por otro, la que ve la sexualidad como una pura dimensión de la capacidad de placer que proporciona el cuerpo, sin más trascendencia en su ejercicio.
Una y otra forma de entender la sexualidad dan lugar a concepciones distintas sobre qué es y cómo debe hacerse la educación sexual de los más jovenes. Para la primera de ellas educar en la afectividad y la sexualidad es inseparable de la formación integral de la persona, de una educación para el amor responsable y para la entrega personal en un contexto de permanencia en el tiempo y abierta a la vida. Para la segunda, en materia sexual no hay más criterio que las apetencias individuales del momento, como si el sexo fuese un pasatiempo sin más trascendencia, no hay más pecado que la imposición ni más riesgo que el embarazo o la transmisión de enfermedades.
El Gobierno y bastantes CCAA quieren imponer en la escuela la segunda de estas concepciones como si fuese la única legítima y al amparo de una presunta política de salud pública. Se trata de una imposición ideológica de raíz totalitaria que desconoce el pluralismo y la libertad ideológica y religiosa y la libertad de enseñanza.
Benigno Blanco. Artículo publicado en La Razón.