El Foro de la Familia, siguiendo el proyecto “la sexualidad sí importa. Sin ningún GENERO de duda”, lanza la nueva página web que consiste en un Observatorio de adoctrinamiento de género. Este blog fue, por decirlo de alguna manera, el preámbulo a esta web que por fin ha visto la luz, y que poco a poco irá cobrando más importancia y más movimiento.

Os remito a ella para que vayáis echándole un vistazo, porque poco a poco, pretendemos que sea un referente documental y de criterio para las familias, la sociedad, los medios…

http://www.adoctrinamientodegenero.org/

Este blog aún no desaparecerá, pero sí gradualmente irá quedando en un segundo plano hasta que un día será totalmente sustituido por la Página Web.

Muchas gracias por leernos!

 Un cordial saludo.

Jóvenes y alcohol

julio 9, 2010

Los jóvenes beben alcohol para ligar y sentirse aceptados

Los jóvenes españoles beben alcohol “para ligar, hacer nuevos amigos y sentirse aceptados e integrados en el grupo”, según han informado este miércoles los responsables del programa de prevención de consumo de alcohol, ‘Ponle un tapón al Botellón’, de Obra Social Caja Madrid y la Fundación Feb 2014, que recoge las conclusiones extraídas de las sesiones de coaching del proyecto, en el que han participado alrededor de 500 jóvenes, con edades comprendidas entre los 14, 18 y 20 años.En ese sentido, han señalado que los jóvenes consumen alcohol “los fines de semana mayoritariamente, en grandes cantidades y en períodos cortos de tiempo”, y que ellos han manifestado que el motivo principal de que en ocasiones consuman bebidas alcohólicas es la diversión; para relacionarse más; por necesidad de experimentar sensaciones nuevas; para evadirse de las responsabilidades y obligaciones de la vida diaria; y porque ‘si no bebes eres un aburrido, un aguafiestas’.

Asimismo, el programa ha destacado que los chicos suelen beber más que las chicas y aunque la diferencia no es significativa los efectos aparecen antes en ellas. “Durante las sesiones de las chicas, ellas han expresado sus opiniones sobre sus experiencias con el alcohol y hay una tendencia a querer igualarse con los chicos con respecto al patrón de consumo (mismo tipo de bebida, misma frecuencia y misma cantidad ingerida). Igualmente, en ocasiones, se percibe en sus formas verbales y no verbales, la necesidad imperiosa de mostrar virilidad y valentía, imitando el modelo masculino”.

Además, han indicado que en cuanto a si están informados de los peligros del alcohol, los chicos del programa han manifestado que saben perfectamente que la información es accesible en cualquier momento que ellos lo deseen y en cantidades excesivas, pero no se molestan en pararse a buscar, leer y empaparse. “Por tanto, si no hacen uso de esa información no conocen a ciencia cierta los riesgos del alcohol”, aseguran.

Según los psicólogos, que han participado en este programa, los padres están informados de que sus hijos consumen y han manifestado que sus hijos han probado el alcohol u otras drogas. “Lo que no queda claro es si hacen el esfuerzo de informarse y formarse para guiar a sus hijos en el desarrollo de su propia personalidad, en donde el asentamiento de ciertos valores, podría evitar que el adolescente mismo fuera el que reflexionara después de probar y eligiera una forma más saludable de disfrutar”.

Otro de los temas que ha llamado la atención a los psicólogos del programa es que los chicos, por lo general, suelen responder muy bien a este tipo de talleres. “Aunque parece que vamos a hablar siempre de lo mismo, los alumnos finalmente demandan más sesiones, más tiempo y más implicación respondiendo muy bien a la metodología usada”, han concluido.

Europa Press, 23 de junio 2010.

Fuente: http://www.thefamilywatch.org/doc/doc-0136-es.php

 

Publicado el estudio de Spitzer: Se encuentra evidencia de la eficacia de la terapia reparativa – Roy Waller y Linda A. Nicolosi

Los resultados de un estudio dirigido por el Dr. Robert L. Spitzer acaban de ser publicados en los Archivos de Conducta Sexual, Vol. 32, Nº 5, Octubre de 2003, pp. 403-417.

 Las averiguaciones de Spitzer desafían a la asunción ampliamente sostenida de que la orientación homosexual es “quién uno es”- una parte intrínseca de la identidad de una persona que no se puede cambiar nunca.

 El estudio ha atraído la atención particularmente porque su autor, un psiquiatra prominente, se ve como un campeón del activismo gay. Spitzer jugó un papel fundamental en 1973 al quitar la homosexualidad del manual psiquiátrico de desórdenes mentales.

 Para probar la hipótesis de que, en algunos individuos, una orientación predominantemente homosexual, responderá a la terapia, hubo 200 personas entrevistadas de ambos géneros (143 hombres, 57 mujeres) que afirmaban haber sufrido cambios de orientación homosexual a heterosexual que duraban cinco años o más. Las entrevistas telefónicas estructuradas del estudio valoraban una serie de aspectos de atracción hacia el mismo sexo, con el año anterior a la entrevista usado como la base comparativa.

 Para ser aceptados en el estudio de 16 meses, los 247 entrevistados originales tenían que poseer dos características. Primero, Tenían que haber tenido orientación predominantemente homosexual durante muchos años, incluyendo el año anterior a comenzar la terapia (al menos 60 en una escala de atracción sexual, con 0 como exclusivamente heterosexual y 100 exclusivamente homosexual). Segundo, después de la terapia tenían que haber experimentado un cambio de no menos de 10 puntos, que durase al menos 5 años, hacia el fin heterosexual de la escala de atracción sexual.

 Aunque los ejemplos de cambio “completo” en orientación no eran comunes, la mayoría de los participantes expresaba un cambio desde una orientación predominante o exclusivamente homosexual antes de la terapia a una orientación predominante o exclusivamente heterosexual en el pasado año como consecuencia de la terapia reparativa.

 Estos resultados parecerían contradecir los estados de posición de las mayores organizaciones de salud mental de Estados Unidos, que niegan que haya base científica para creer que la psicoterapia sea efectiva al dirigir la atracción homosexual. Sin embargo, Spitzer muestra la evidencia de cambio en ambos sexos, aunque las participantes femeninas reportaban significativamente más cambios que los participantes masculinos.

 Los detalles estadísticos y demográficos de los entrevistados incluyen lo siguiente:

• El estudio no buscaba una muestra fortuita de los pacientes de la terapia de reorientación; los sujetos elegidos eran voluntarios.

• Edades medias: Hombres, 42, mujeres, 44.

• Estados maritales en el momento de la entrevista. 76% de los hombres estaban casados mientras que en las mujeres el 47%. El 21% de los hombres y el 18% de las mujeres estuvieron casados antes de comenzar la terapia.

• El 95% eran caucásicos y el 76% eran graduados universitarios.

• El 84% residía en los Estados Unidos mientras que el 16% restante vivía en Europa.

• El 97% eran de base cristiana, el 3% eran judíos,  con un abrumador 93% de todos los participantes que afirmaban que la religión era o “extremadamente” o “muy” importante en sus vidas.

• El 19% de los participantes eran profesionales de salud mental o directores de ministerios exgays.

• El 41% afirmaba que, en algún momento anterior a la terapia, habían sido “abiertamente gays”. Más de un tercio de los participantes  (hombres 37%, mujeres 35%) afirmaban que alguna vez en su vida, habían contemplado la idea del suicidio debido a la insatisfacción con sus atracciones no deseadas. El 78% había hablado públicamente a favor de los esfuerzos por cambiar su orientación homosexual.

 Empleando una entrevista telefónica de 45 minutos de 114 preguntas cerradas, pidiendo o bien una respuesta de sí/no o bien una valoración entre 1 y 10, el estudio de Spitzer se centraba en las siguientes áreas: atracción sexual, autoidentificación sexual, severidad de la disconformidad con los sentimientos homosexuales, frecuencia de la actividad sexual gay, frecuencia del deseo de una relación romántica homosexual, frecuencia en soñar despierto con una actividad homosexual deseada, porcentaje de episodios de masturbación relacionados con fantasías homosexuales, porcentaje de tales episodios con fantasías heterosexuales y frecuencia de exposición a materiales pornográficos de orientación homosexual.

 Además, a los participantes se les pedía reaccionar a una serie de razones posibles para desear el cambio de la orientación homosexual a la heterosexualidad además de  valorar sus relaciones maritales.

 Algunos de los resultados del estudio de Spitzer, que tenían que ver particularmente con las motivaciones para el cambio, incluían:

• La mayoría de los entrevistados (el 85% de los hombres, el 70 % de las mujeres) no encontraban el estilo de vida homosexual emocionalmente satisfactorio. El 79 % de ambos géneros decía que la homosexualidad entraba en conflicto con sus creencias religiosas. Así., el 67% de los hombres y el 35% de las mujeres afirmaban que la vida gay era un obstáculo para sus deseos de casarse o de permanecer casados.

• Aunque todos los participantes se habían sentido atraídos con miembros del mismo sexo, un cierto porcentaje (13% de los hombres, 4% de las mujeres) nunca había tenido realmente sexo homosexual consensual. Más entre los participantes masculinos (34%) que entre las mujeres (2%) se habían comprometido en sexo homosexual con más de 50 compañeros diferentes durante su vida. Además, más entre los hombres que en las mujeres (53% a 33%) nunca se había comprometido en sexo heterosexual consensual antes de la terapia.

• El doctor Spitzer decía que los datos obtenidos mostraban que, siguiendo la terapia, muchos de los participantes experimentaban un aumento marcado tanto en la frecuencia como en la satisfacción de la actividad heterosexual, mientras que los que estaban casados notaban más satisfacción emocional entre sus cónyuges y ellos mismos.

 Con respecto a la reorientación completa de la homosexualidad a la heterosexualidad, la mayoría de los participantes indicaba que todavía luchaban ocasionalmente con las atracciones no queridas- de hecho, sólo el 11% de los hombres y el 37% de las mujeres expresaban el cambio completo.

 No obstante este estudio, Spitzer concluye, “va claramente más allá de la información anecdótica y proporciona evidencia de que la terapia reparativa tiene éxito algunas veces.”

 Spitzer reconoce la dificultad de valorar cuántos hombres y mujeres gays en la población general desearían realmente la terapia reparativa si conocieran su disponibilidad; mucha gente, afirma, están evidentemente contentos con una identidad gay y no tienen deseos de cambiar.  

 ¿Es nociva la terapia de reorientación?

Para los participantes en nuestro estudio, afirma Spitzer, no había evidencia de daño. “Todo lo contrario”, dice, “afirmaban que les ayudaba en una variedad de formas más allá del cambio de orientación sexual en sí mismo.” Y como su estudio encontró beneficios considerables y nada de daño, decía Spitzer, la Asociación Psiquiátrica Americana debería detener la aplicación de un doble standard en su desaprobación de la terapia reparativa, mientras que anima activamente a la terapia afirmativa gay para confirmar y solidificar una identidad gay.

Además, Spitzer escribió en su conclusión:

“los profesionales de salud mental deberían dejar de moverse en la dirección de amonestar a la terapia que tiene, como objetivo, un cambio en la orientación sexual. Muchos pacientes, provistos de consentimiento informado sobre la posibilidad de sufrir decepción si la terapia no tiene éxito, pueden hacer una elección racional de trabajar hacia el desarrollo de sus potenciales heterosexuales y minimizar sus atracciones homosexuales no deseadas.”

¿Es la terapia reparativa elegida solamente por pacientes conducidos por la culpabilidad, es decir, por lo que es popularmente conocido como “homofobia”? Todo lo contrario, concluye Spitzer. De hecho, “La capacidad para hacer una elección semejante debería ser considerada fundamental para el paciente la autonomía y la autodeterminación.”

25 de junio de 2009

Fuente: http://www.esposiblelaesperanza.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1173:dr-robert-spitzer-en-ingles&catid=226:videos-de-otros-autores&Itemid=253

En el día mundial de la prevención de esta enfermedad

ROMA, martes 1 de diciembre de 2009 (ZENIT.org) ¿Es una utopía educar a los jóvenes del siglo XXI en programas de abstinencia y fidelidad como los únicos medios para prevenir la difusión del Sida? ¿Han resultado útiles los programas de educación sexual para reducir el número de contagios en el mundo?

“Creo que programas como ‘Educación para la vida’ y ‘Juventud viva’, que tuvieron sus inicios en Uganda y que ahora se están presentando en África y en otros países del mundo tienen una aproximación positiva”, afirma a ZENIT monseñor Robert Vitillo, consejero especial de Caritas Internationalis sobre VIH y Sida.

El prelado se refiere a una campaña que adelantó el ministerio de salud en Uganda, iniciada en 1986 con el nombre de ABC, (abstinencia, fidelidad y condón como última vía) que ha reducido las tasas de contagio del Sida de un 30 a un 5 %.

Pero, ¿cómo pueden resultar atractivos dichos programas a los jóvenes de hoy? “Los presentamos como ‘buena noticia’ –explcia monseñor Vitillo– y no simplemente como una serie de mandamientos negativos o como una alerta para prevenir la infección del VIH”.

El prelado indica que se trata, en primer lugar, de que el ser humano reconozca su dignidad para luego “ayudar a las personas a entender el significado especial de la sexualidad que Dios nos ha dado” y después “ayudarlos a desarrollar sus capacidades, a actuar responsablemente y a seguir el mandamiento de Dios de que la actividad sexual debe ser ejercida sólo en el contexto de una relación permanente y fiel en el matrimonio entre un hombre y una mujer”.

Preservativo… ¿seguro?

Sin embargo, son otros los “valores” cada vez más presentes en los diferentes programas de educación sexual alrededor del mundo.

El Papa Benedicto XVI el pasado 18 de marzo durante su viaje a África dio a uno de los periodistas la conocida respuesta que luego creó una fuerte polémica mundial sobre el uso del preservativo: “No se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”.

¿Tenía razón Benedicto XVI?

El índice de fallos en el preservativo es al menos de un 15.7 % sólo en la prevención del embarazo. “Debido a que una mujer puede concebir sólo unos cuantos días (6 á 8 ) por mes, y también sabemos, que el índice de deficiencia de los condones debe ser más alto cuando se trata de prevenir una enfermedad que puede ser transmitida los ¡365 días del año!”, aseguró en un artículo enviado a ZENIT el médico peruano Raúl Cantella Salaverry, fundador, director y gerente del Centro de Diagnóstico Cantella SAC en la ciudad de Lima.

Entre heterosexuales, señala Cantella, la sección médica de la Universidad de Texas descubrió recientemente que los preservativos sólo resultan efectivos en un 69 % de los casos para la prevención de la transmisión del VIH.

Un estudio de parejas casadas realizado durante un año y medio en las que uno de ellos está infectado, determinó que, 17 % de los compañeros que utilizaban preservativos para protegerse, fueron contagiados.

Según el doctor Cantella, los planes de educación sexual para los jóvenes traen consecuencias muy peligrosas: La primera es convencer a los jóvenes que sí pueden tener relaciones de manera “cien por ciento segura” , la segunda, es ver la iniciación cada vez más temprana de la sexualidad como un comportamiento “que todos lo están haciendo”. Por otro lado hacen creer a los jóvenes “que los adultos ‘responsables’ esperan que lo hagan”.

Sin embargo la realidad es otra: un estudio realizado por Bayer, MTV y MySpace en una población de 5.000 jóvenes de Argentina, Colombia y México demostraron que dos de cada tres jóvenes encuestados no utiliza ningún sistema de protección frente a un embarazo no deseado o a las posibles enfermedades de transmisión sexual.

“En lugar de educar en la responsabilidad hemos estimulado un comportamiento sexual que convierte a los jóvenes en las principales víctimas. Cientos de miles de mujeres adolescentes han visto sus vidas y sueños destruidos por la ligereza con la que este tema ha sido manejado desde hace décadas” dijo Miguel Gómez Martínez, en su columna “Así no el guste” publicada en el diario El Espectador de Bogotá – Colombia el pasado 26 de septiembre.

Prevención realmente segura

En las ya famosas declaraciones del 18 de marzo pasado durante el viaje a África, el Papa propuso la “humanización de la sexualidad”, la cual se define como “una renovación espiritual y humana que lleve consigo un nuevo modo de comportarse el uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo con los que sufren”.

Para llevar a cabo dicha propuesta, Raul Cantella indica a ZENIT que “el mejor profesor de educación sexual para los hijos varones es un padre responsable, y la mejor profesora de educación sexual para las hijas mujeres es una madre responsable”.

No obstante, los jóvenes, no pocas veces han sido estigmatizados como sordos y ciegos frente a estas iniciativas. Hay ejemplos que demuestran lo contrario. Hace algunos años, en Lexington, Kentucky, en Estados Unidos, un antiguo convicto llamado Harold Morris fue a hablarle a un grupo de jóvenes sobre el valor de la abstinencia.

El foro tenía asientos para 18.000 personas pero había 26.000 adolescentes. Es sólo un ejemplo de varios programas que se desarrollan allí como Opciones (Choices) en California y Respeto por el Sexo (Sex Respect); Yo, Mi Mundo, Mi Futuro (Me, My World, My Future); Razones Razonables para Esperar (Reasonable Reasons to Wait); Sexo, Amor y Opciones (Sex, Love & Choices).

Monseñor Vitillo asegura que estos programas “alientan a los jóvenes a apoyarse los unos a los otros en las actividades de cambios de comportamiento que son positivas, basadas en los valores católicos y que los ayudan a prepararse para sus futuros matrimonios”.

Por Carmen Elena Villa

Fuente: http://www.zenit.org/article-33500?l=spanish

El Espejo distorsionado

junio 7, 2010

Cine y fascinación: la capacidad sugestiva de las películas y la legitimación de conductas

La representación audiovisual (cine y televisión) posee una capacidad muy superior a la de otros medios de comunicación: prensa, revistas, radio, grabaciones musicales… Una capacidad superior para fascinarnos, para evadirnos de la realidad y transportarnos a otro mundo de valores. La representación en los filmes es siempre una experiencia viva y fuerte, emocionalmente dramática, y con frecuencia se acaba asimilando como una experiencia vivida. Puede alcanzar esa conmoción interior que los clásicos denominaban “catársis”.

Así, por ejemplo, una chica joven podría pensar: “¿Cómo me van a decir mis padres que la relación sexual se orienta a la vida y sólo tiene sentido en el matrimonio? ¡Si yo sé cómo es (autoridad epistemológica) y cómo debe ser (autoridad deontológica) el sentido de la relación sexual! ¡Si sé que tiene sentido cuando hay “amor”, cuando es expresión de un sentimiento! ¡Si lo he visto con mis propios ojos, si lo he vivido!”.

En realidad, lo ha visto y lo ha “vivido” en el cine, pero lo ha asimilado como algo vivido en primera persona.

Esas imágenes audiovisuales le han permitido asumir la instancia de testigo presencial: considera verdaderamente que ha experimentado esos hechos, y por tanto le parecen más verdaderos y reales que los discursos de sus padres y educadores. El tratamiento del tema, la historia “vivida” o “experimentada” en la película o la teleserie, adquiere así el estatus de algo incontestable, asentado en virtud de una supuesta experiencia propia.

Esta faceta de “manipulación de la experiencia” resulta mucho más importante en los jóvenes, pues son más vulnerables al poder fascinador de la imagen. Cuando en la escuela se habla de valores o actitudes morales, o cuando sus padres les proponen hablar “de algo serio”, inmediatamente ponen un filtro ante lo que oyen, porque lo interpretan como “imposición”, como “sermón” o, en el peor de los casos, como flagrante “manipulación”. Pero no piensan nada de eso cuando ven una película que les habla también de valores y de actitudes morales.

En muy pocos años Las historias (asumidas como “experiencias” personales) parecen fluir con espontaneidad, pero son fruto de una determinada concepción de la vida: detrás de ellas hay un filtro intelectual que muestra unos modelos de felicidad y unos personajes que pueden hacernos parecer ridícula una virtud o aceptable y digna una conducta viciosa. Penetran en su mundo interior sin obstáculos, a remolque de las emociones vividas en su imaginación.

La función de legitimación que las ficciones audiovisuales ejercen en nuestra sociedad. En su libro “Theories of film”, Andrew Tudor define así este efecto sobre el público: “Es el efecto, más potente que los habitualmente descritos, por el que las películas justifican o legitiman creencias, actos e ideas”.

Hoy en día, el cine ha legitimado conductas y percepciones de la realidad que hace sólo unos años provocaban el rechazo o la discrepancia moral de buena parte de la sociedad. Hoy, después de haberlos visto una y otra vez en filmes y teleseries, han pasado a ser “normales”, legítimos. El cine les ha dado carta de naturaleza, ha establecido socialmente que son mucho más corrientes de lo que se piensa, que son plenamente válidos y, en todo caso, que deben verse como inevitables. Por eso invita al público a aceptarlos como “políticamente correctos”.

Entre otros comportamientos que afectan directamente a la familia y que el cine ha contribuido a legitimar, podrían señalarse algunos ejemplos:

 — La convivencia durante el noviazgo: en todas las teleseries juveniles, desde “Compañeros” y “Al salir de clase”, hasta “El internado”, “90-60-90” o la polémica TV movie “El pacto” (en la que siete adolescentes de 4º de ESO deciden quedarse embarazadas por solidaridad con otra alumna embarazada: así, engañando de paso a sus parejas –coniven con sus novios con la más plena naturalidad– llegan no sólo a banalizar el sexo, sino a justificar la maternidad por mero capricho, al margen de todo compromiso).

— La justificación y exaltación de la homosexualidad, en cintas como “Brokeback Mountain”, “Philadelphia” o “La boda de mi mejor amigo”; y en teleseries como “Aquí no hay quien viva” o “Los hombres de Paco”.

— La ruptura familiar como forma de liberación, y la infidelidad como realización personal. Entre otros filmes que idealizan y legitiman el adulterio, cabe destacar “Los puentes de Madison”; y entre las teleseries… casi todas.

— La promoción del aborto, como alivio para la madre (¿?) y como modo de ejercer la medicina (¿?): como en “Las normas de la casa de la sidra”.

— La legitimación de la eutanasia, con películas ideológicamente orientadas como “Million Dollar Baby” o “Mar adentro”; y, por supuesto, queda plenamente justificado en muchos diálogos de las teleseries actuales.

Ciertamente, el cine ha sido siempre una “fábrica de sueños”. En esos sueños (más o menos mediatizados por la narrativa audiovisual o cienmatográfica) nos proyectamos habitualmente y con ellos tratamos de configurar nuestras identidades. Por eso, porque es punto de referencia para nosotros mismos, el mundo audiovisual ha sido también comparado a un gran espejo. Pero hoy en día parece ser “un espejo distorsionado”, porque al mirarnos en él y buscar nuestro verdadero rostro, lo que vemos resulta ser bastante alejado de nuestra vida, de nuestros valores, de nuestra familia. Lo que esas imágenes autorizan a pensar y a actuar es asumido por los espectadores como algo legítimo, validado y plenamente aceptable en nuestras vidas.

Alfonso Méndiz

Fuente: http://www.fluvium.org/textos/dolor/dol290.htm

Cerebro y diferencias sexuales mujer-varón (Parte II)

¿HAY BASES CIENTÍFICAS PARA BUSCAR DIFERENCIAS CEREBRALES ENTRE LA MUJER  Y EL VARÓN?

En un artículo ya clásico sobre las diferencias sexuales en la organización cerebral, que apareció en un número monográfico dedicado al estudio del cerebro por la revista de divulgación científica Scientific American, y en la traducción posterior de su edición española publicado en la revista Investigación y Ciencia, la profesora Doreen Kimura, de la Universidad de Western Ontario en Canadá, terminaba su trabajo diciendo que, con referencia a la organización cerebral en las mujeres y en los varones, «el hallazgo de diferencias de origen sexual coherentes y, en algunos casos, muy sustanciales, sugiere que hombres y mujeres pueden tener distintos intereses y capacidades ocupacionales, con independencia de las influencias de la sociedad. Por ejemplo, yo no esperaría que hombres y mujeres hubieran de estar necesariamente representados de forma paritaria en actividades o profesiones que resaltan las habilidades espaciales o matemáticas, como la ingeniería o la física, y sí podría esperar que participaran más mujeres en los campos del diagnóstico médico, donde reviste suma importancia la fineza perceptiva. Así, aunque cualquier individuo dado pueda tener la capacidad de situarse en un campo «atípico”, las proporciones de uno y otro sexo, en conjunto, admiten variación» (Kimura, 1992).

Llama la atención la claridad con que muchos de los principales neurocientíficos que han analizado las diferencias sexuales en el sistema nervioso central resaltan la existencia, de hecho, de estas distinciones. Y ello ha ayudado enormemente a ver estas diferencias en un contexto de complementariedad entre los sexos más que en una lucha antagónica entre ellos o en reivindicaciones culturales no superadas.

Hay que reconocer que tales investigaciones no han estado exentas de polémica, por sus amplias implicaciones humanas y sociales; aunque también es verdad que nunca se tomaron seriamente las ideas de superioridad de un cerebro masculino sobre otro femenino, o incluso de igualdad plena y llana, de forma especial con la llegada de la neurociencia como disciplina enteramente multidisciplinar. El ejemplo que señalaba Nolte en el año 2002, resulta muy significativo (Nolte, 2002). Relata este autor que la idea de que el cerebro femenino era más pequeño – y por lo tanto, estaba dotado de un menor número de neuronas y de células de la glía-, lo que llevaría a que las mujeres tuvieran una menor capacidad cerebral, nunca se tuvo en cuenta de manera seria. Esto es verdad en términos estadísticos, pero también lo es -sensu contrario- que las mujeres tienden a perder menos neuronas a lo largo de su vida, y que, funcionalmente, pueden realizar tareas cognitivas con mayor habilidad que los varones, especialmente aquellas que requieren un entorno emocional o afectivo (Nolte, 2002).

En concreto, también hoy sabemos muy a fondo que, entre otras, existen variaciones notables cuando se estudian las habilidades motoras, verbales o espaciales en mujeres o en varones. Por ejemplo, las mujeres realizan mejor aquellas tareas que exigen coordinación de movimientos, tienen una mayor fluidez verbal y capacidad de deletrear, y memorizan las listas de palabras con una eficacia superior. En cambio, responden peor a las pruebas motoras que precisan buena puntería o, cuando se explora la capacidad espacial, tienen más problemas de orientación, percepción o visualización del entorno. Además las mujeres usan distintas regiones del cerebro para procesar y almacenar la memoria a largo plazo. Asimismo, recientemente se han detectado importantes diferencias sexuales en la elaboración de la información por el complejo amigdalino, estructura del cerebro muy implicada en la integración de las emociones. (Cahill, 2006).

Larry Cahill, es una de las autoridades más reconocidas en el estudio cerebral de las diferencias sexuales mujer-varón. Profesor del Departamento de Neurobiología y Conducta de la prestigiosa Universidad de California en Irvine, son ya clásicos sus estudios de neuroimagen demostrando que mujeres y varones usan diferentes regiones del cerebro para procesar y almacenar la memoria a largo plazo, o que un fármaco, el propranolol, interfiere con esta facultad de manera diferenciada en cada sexo. En definitiva, sus investigaciones han contribuido poderosamente a otorgar el relieve correspondiente a tales desigualdades para aplicarlas en campos decisivos como la pedagogía o la sociología; o, también, en el tratamiento de diversas enfermedades (Cahill, 2006; Giménez Amaya, 2006).

Con todos estos datos a la vista, además conviene señalar que en los últimos años el debate neurocientífico se dirige por otros caminos. En la actualidad, un nutrido grupo de investigadores cerebrales buscan con tesón diferencias estructurales, bioquímicas o funcionales en distintas partes del sistema nervioso con el fin de aclarar en profundidad, por ejemplo, la causa de que algunas patologías puedan presentar una marcada preferencia por uno de los sexos, como es el caso de la depresión o el síndrome del colon irritable, dos procesos de aparición más frecuente en la mujer que en el varón.

En un ya clásico artículo del profesor Cahill publicado en la prestigiosa revista Nature Reviews Neuroscience de junio de 2006, se señalaban algunos conceptos erróneos utilizados al analizar la neurobiología de las diferencias sexuales desde la perspectiva neurocientífica. Se dice que éstas son pequeñas y poco fiables, y que las desigualdades que se ven entre los sexos representan casos extremos, nunca una regla general. Además, se índica que las desigualdades existentes dentro de un mismo sexo son mayores que las que separan a la mujer del varón. También se ha sugerido que las diferencias quedarían explicadas en su integridad por la acción de las hormonas sexuales, especialmente los estrógenos. Finalmente, se entiende que si una determinada conducta es equivalente en los dos sexos, los mecanismos nerviosos implicados en su producción y organización deben ser idénticos.

Cahill afirma no tener confirmación científica de muchas de estas hipótesis y, además, indica que los resultados que se van obteniendo gracias a los estudios aportados por la neurociencia cognitiva, apoyan más bien la idea de que las diferencias son mucho más complejas y rehuyen todo análisis simplista sobre una teórica «igualdad cerebral de género».

Por lo tanto, pensamos que la respuesta a la pregunta que se enunciaba al comienzo de este apartado es afirmativa.

 

 CONCLUSIONES

Los estudios neurocientíficos están dejando cada vez más claro que la diferencia entre la mujer y el varón no sólo es manifiesta en los atributos físicos y en su función reproductora, sino que también aparece, por ejemplo, en la manera como los dos sexos resuelven problemas de índole cognitiva o establecen patrones de comunicación a través del lenguaje. Brevemente, se puede decir que el dimorfismo sexual ha podido demostrarse en el ser humano por múltiples parámetros anatómicos, fisiológicos y psicológicos, y este dimorfismo está moldeado por influencias internas (genéticas y endocrinas) y externas (psicosociales y ambientales) (Harasty et al., 1997). También es importante señalar que, aunque durante los últimos años se ha insistido en que estas diferencias entre las capacidades cognitivas de la mujer y del varón son pequeñas, la realidad parece indicar que las hormonas sexuales condicionan la organización del sistema nervioso central desde los primeros estadios del desarrollo del individuo. De todos modos, aunque todo indica que esta disparidad de partida existe, todavía no se han conseguido evaluar con absoluta precisión los efectos que tienen, por ejemplo, la experiencia y el entorno externo sobre el desarrollo del cerebro de la mujer y del varón.

Pero también debemos señalar que nos enfrentamos a un asunto que plantea muchos más interrogantes de los que parecía en un primer análisis superficial. Además de las implicaciones patológicas, pedagógicas, laborales o sociales de estas investigaciones, se podría decir, con palabras de un estudio de la sección médica de la National Academy of Sciences de los Estados Unidos, que «(…) el sexo importa. Importa desde perspectivas que no esperábamos. Y, sin duda, importará de manera que todavía no somos capaces de imaginar». En mi opinión, las diferencias sexuales en el cerebro destacan de forma muy sugerente el aspecto complementario que está presente en el designio vivencial de la mujer y del varón en nuestra sociedad.

José Manuel Giménez Amaya

Doctor en Medicina y Cirugía.
Catedrático de Anatomía y Embriología de la Universidad Autónoma de Madrid.

(Artículo editado) Fuente: http://www.esposiblelaesperanza.com/index.php option=com_content&view=article&id=1663:cerebro-y-diferencias-sexuales-mujer-varon-j-manuel-gimenez-amaya&catid=136:16-masculinidad–feminidad&Itemid=63

Cerebro y diferencias sexuales mujer-varón (Parte I)

La lectura atenta de la historia de los pueblos múltiples veces atestigua la proverbial capacidad de la mujer para demostrar una extraordinaria perseverancia en la adversidad y en las calamidades que rodean cualquier situación límite, y también para mantener, en semejantes circunstancias, una mirada de esperanza hacia el futuro, valorando en su más alto grado toda vida humana. Tal vez estas afirmaciones no parezcan especialmente novedosas, pues si echamos un nuevo vistazo a la historia de la humanidad, pero cambiando ahora nuestro punto de vista hacia el de los varones, no cabe ninguna duda de que también pueden realizarse valoraciones singulares a favor de este otro sexo.

Lo que sí parece claro es que al comprobar estos hechos en profundidad y establecer patrones de comparación entre los sexos, uno se pregunta intrigado dónde radicará esa discrepancia que separa las actuaciones de la mujer con respecto a las del varón, cuya forma de actuar también se aleja de la mujer por sus particulares características conductuales. Muchas veces se ha hablado de diferencias genéticas, psicológicas o  culturales, pero con el gran desarrollo de las ciencias que exploran el sistema nervioso en los últimos años, muchos neurocientíficos han tornado a investigar si, en verdad, el cerebro de las mujeres y el de los varones presenta características que lo distinguen y que pudieran justificar conductas y acciones diferentes. En caso afirmativo, la gran pregunta que surge casi espontánea se podría enunciar de la siguiente manera: ¿cuál sería la base biológica de fondo que estaría detrás de esos cambios cerebrales?

Lamentablemente, todo este tema se ha visto viciado al saltar a la opinión pública, por las amplias connotaciones políticas o sociales que lo acompañan en el mundo actual (Giménez Amaya, 2006). Es un asunto que, indudablemente, ha generado y está generando un «ruido» de fondo, visceral y poco ilustrado, que quizá necesita de una mayor cordura científica en su conjunto. Y la neurociencia puede realizar una gran aportación que ayude a enfocar algunas cuestiones relacionadas con este debate. El texto que aquí se presenta tiene como fin contribuir a destacar algunas de las bases científicas que señalan la existencia de diferencias cerebrales entre la mujer y el varón. Y es en este clima científico donde deberían evaluar- se afirmaciones de corte sesgado que se vierten sin fundamento en muchos terrenos de la vida cultural y social, y que hablan de una igualdad biológica sin paliativos; o que la reducen a un grado mínimo sin ninguna repercusión sobre nuestras vidas, lo que, en definitiva, no obligaría a tenerlas en cuenta.

Por ello, en los apartados siguientes se acomete la tarea de dar noticia en torno a algunos de los descubrimientos científicos que aportan datos sobre la existencia de diferencias estructurales y funcionales en el sistema nervioso central entre las mujeres y los varones. En la descripción experimental se ha intentado emplear un lenguaje interdisciplinar que permita una mayor difusión y entendimiento, aunque no ha podido evitarse el uso de todos los términos necesarios para explicar las diversas investigaciones.

No se debe olvidar que muchas de las aportaciones más recientes sobre las diferencias sexuales en el cerebro se han llevado a cabo utilizando las modernas técnicas de imagen cerebral (neuroimagen), que precisan un conocimiento adecuado para su correcta valoración e interpretación. Sin este conocimiento se puede entrar en debates que están contaminados de raíz porque los datos obtenidos con estas potentes técnicas neurocientíficas exigen su estudio en el contexto adecuado y su interpretación correcta de acuerdo con la metodología que los ha producido.

El mensaje sencillo que debe entender el lector es que hay que estudiar y analizar muy detenidamente los experimentos realizados con esas técnicas para llegar a conclusiones certeras y útiles.

En definitiva, el artículo que ahora comenzamos pretende señalar con brevedad algunas consideraciones que ilustren cómo la perspectiva de la complementariedad entre los dos sexos también emerge con inusitada claridad desde el punto de vista neurobiológico a la hora de abordar científicamente este aspecto concreto en el amplio espectro de la ciencia neural.

(Continuará)

José Manuel Giménez Amaya

Doctor en Medicina y Cirugía.
Catedrático de Anatomía y Embriología de la Universidad Autónoma de Madrid.

(Artículo editado) Fuente: http://www.esposiblelaesperanza.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1663:cerebro-y-diferencias-sexuales-mujer-varon-j-manuel-gimenez-amaya&catid=136:16-masculinidad–feminidad&Itemid=63

Una mujer criada por su padre homosexual da testimonio y pide a los gobiernos que protejan el verdadero matrimonio.

http://www.dawnstefanowicz.com/: Brinda ayuda a otras personas que como ella crecieron a cargo de un padre homosexual y fueron expuestos a este estilo de vida.Las consecuencias

“Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían”, sostiene Stefanowicz.

Según informa ForumLibertas.org, Dawn Stefanowicz vive en Ontario, Canadá, con su esposo de toda la vida y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Actualmente prepara su autobiografía y desarrolla un ministerio especial desde el sitio web (en inglés) Una mujer canadiense que fue criada en un hogar homosexual se dedica ahora a asistir a otras personas que atraviesan por la misma situación y a pedir a los gobiernos del mundo que protejan el matrimonio entre hombre y mujer.

Stefanowicz explica en el sitio web “cómo en su infancia estuvo expuesta a intercambios de parejas gays, playas nudistas y la falta de afirmación en su feminidad, cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de ‘familia’ gay, un estilo de ‘familia’ que ella no desea para nadie y que cree que las leyes no deberían apoyar”.

Su testimonio:

En su relato, Stefanowicz explica que debido a una enfermedad grave de su madre debió quedar al cuidado de su padre homosexual cuando aún era una niña. “Estuve expuesta a un alto riesgo de enfermedades de transmisión sexual debido al abuso sexual, a los comportamientos de alto riesgo de mi padre y a numerosas parejas”, relata.

“Incluso cuando mi padre estaba en lo que parecían relaciones monógamas, continuaba haciendo ‘cruising’ buscando sexo anónimo. Llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex) parejas de mi padre, con los que traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el SIDA y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de SIDA en 1991″, recuerda.

Según Stefanowicz las “experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas”.

“Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada porque mi padre me dejaba a menudo para estar varios días con sus compañeros. Sus parejas realmente no se interesaban por mí. Fui dañada por el maltrato doméstico homosexual, las tentativas sexuales con menores y la pérdida de parejas sexuales como si las personas fueran sólo cosas para usar. Busqué consuelo, busqué el amor de mi padre en diversos novios a partir de los 12 años”, sostiene.

Stefanowicz recuerda que “desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay. El sexo me parecía gratuito cuando era niña. Se me expuso a manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre”.

“Mi padre apreciaba el vestir unisex, los aspectos de género-neutro, y el intercambio de ropas cuando yo tenía 8 años. Yo no veía el valor de las diferencias biológicamente complementarias entre hombre y mujer. Ni pensaba acerca del matrimonio. Hice votos de no tener nunca hijos, porque no crecí en un ambiente de hogar seguro, sacrificial, centrado en los niños”, señala.

 

Ella asegura que sólo después de haber tomado las decisiones más importantes de su vida, empezó a darse cuenta de cómo la había afectado crecer en ese ambiente.

“Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo?. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias”, explica.

“Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños”, concluye.

http://wwwapostoladoeucaristico.blogspot.com/2010/04/impactante-testimonio-mujer-criada-por.html
Fuente original: ACIPRENSA

Frente a los riesgos para la salud que entrañan los anticonceptivos, la planificación familiar natural es completamente segura. A la vez, los estudios científicos recientes muestran que tiene una elevada eficacia, gracias a los métodos actuales de diagnóstico de la fertilidad (II)

Método Sintotérmico: el más preciso

El método sintotérmico incluye la valoración conjunta de varios indicadores de fertilidad como la secreción cervical y la temperatura basal, y también un sistema de cálculo para identificar así el período fértil de un ciclo. Se apuntan estos datos de manera muy sencilla en una gráfica.

Especialmente interesante es la variante del método sintotérmico llamada “de doble control” (the double-check method). Consiste en utilizar siempre dos o más indicadores valorados simultáneamente, para delimitar con más seguridad el período fértil. Es el método de planificación familiar natural más eficaz que hay, superando incluso los aparatos electrónicos (www.renafer.org). Es el método más utilizado por las asociaciones europeas especializadas en planificación familiar natural. Es sencillo de utilizar y requiere un breve periodo de enseñanza para que la pareja aprenda a llevar el registro de los indicadores de la fertilidad.

El método de la lactancia y amenorrea está basado en la demostración científica de que la mujer no es fértil, y es muy improbable que quede embarazada, durante la plena ausencia de menstruaciones de la lactancia materna hasta que el lactante cumple los seis meses. Pero para que sea eficaz han de darse los siguientes requisitos:

1) Lactancia completa: alimentación al pecho sin administración de alimentos complementarios.

2) Ausencia de menstruaciones y no sangrado de más de un día.

3) Que el lactante tenga menos de seis meses.

Además de que la leche materna es el mejor alimento que se puede dar a cualquier recién nacido, la OMS confirma que, siguiendo estos requisitos, la eficacia es superior al 98%.

Existen diversas opciones de combinación de todos estos métodos de planificación familiar natural, dependiendo de la relativa importancia dada a los indicadores para delimitar la ventana de fertilidad. En este contexto, se situarían alternativas como el método de los dos días, el método de los días estándar, y los aparatos electrónicos para identificar el período fértil.

Ventajas clínicas y de salud pública

Desde el punto de vista de la salud pública, las grandes ventajas de la planificación familiar natural sobre los métodos anticonceptivos (hormonales, dispositivos, de barrera, quirúrgicos) son su bajo coste y su inocuidad. No tienen los riesgos de enfermedad cardiovascular, tromboembólica o cáncer.

Además, la planificación familiar natural hace que los esposos sean más conscientes de su fertilidad, les ayuda a conocerse y a compartir ese conocimiento. Esto facilita que se puedan diagnosticar más precozmente algunos problemas ginecológicos. También implica más al varón y mejora la relación psicológica entre los cónyuges.

Con frecuencia se achaca injustamente el inconveniente a la planificación familiar natural que su eficacia es baja. No es así. Los médicos que están adecuadamente formados y al día sobre los temas de planificación familiar natural suelen recomendarla, pues son conscientes de que los métodos actualmente disponibles (sintotérmico con doble comprobación) diagnostican los periodos fértiles o infértiles con un elevado grado de acierto: su eficacia es superior al 99%.

Alta eficacia

Conviene advertir que se habla de eficacia teórica cuando sólo se valora el método intrínsecamente (asumiendo que siempre sea usado correctamente). Se habla de eficacia práctica (o efectividad) cuando se valora en condiciones reales (incluyendo a quienes hacen uso incorrecto del método o los problemas que surgen a pesar de usar bien un método). Por ejemplo, el método sintotérmico con doble comprobación tiene una eficacia práctica (efectividad, en condiciones reales) en torno al 97%. En cambio, el preservativo, método más frecuentemente usado en España, tiene una eficacia práctica que está alrededor del 85%.

Parece difícilmente comprensible que se desconozca el hecho de que los métodos actuales de planificación familiar natural tienen una gran eficacia. Este desconocimiento afecta a gran parte de la población general e incluso a muchos profesionales sanitarios. La ignorancia suele alimentar los prejuicios. No es descartable que cierto escepticismo hacia todo lo que es natural influya en esta percepción equivocada. La tendencia a limitarse a tratamientos farmacológicos, quirúrgicos o a dispositivos tecnológicos rodeados de glamour perjudica a la salud pública. Conduce a postergar lo que es obvio, natural, más saludable y de eficacia probada.

Existen organizaciones que viven de promover formas artificiales de control de natalidad, especialmente en los países en desarrollo. Tales organizaciones suelen citar los estudios antiguos de planificación familiar natural (con peor eficacia) y olvidan sistemáticamente los avances recientes. Esto motiva el preguntarse si no se actúa así de manera tendenciosa.

Con el aval de la literatura científica

Desde hace años se vienen publicando investigaciones sobre la planificación familiar natural realizadas cada vez con mejor calidad científica. Destaca la base de datos alemana (1985-2005) que ha estudiado a 1.599 mujeres usuarias del método sintotérmico en el marco de un estudio multicéntrico europeo. Ha valorado más de 30.000 ciclos menstruales.

Human Reproduction (editada por Oxford Journals), que se encuentra entre las revistas líderes en su especialidad, publicó en 2007 un magnífico trabajo dirigido por los coordinadores del estudio multicéntrico europeo sobre el método sintotérmico con doble comprobación. El supuesto del que partían los autores es que se debe exigir a los métodos de planificación familiar natural que sean comparables a métodos no naturales altamente eficaces.

Los fallos intrínsecamente atribuibles al método no deben llegar a un 1 embarazo por cada 100 mujeres-año (eficacia teórica superior al 99%). En su estudio, tal tasa de embarazos intrínseca al método, no por uso incorrecto, resultó ser de 0,4 embarazos por 100 mujeres-año (eficacia teórica: 99,6%). Equivale a un embarazo por cada 3.250 ciclos. Si se incluía el uso incorrecto (variable según el contexto cultural y la motivación de los participantes), la tasa era 1,8 embarazos/100 (eficacia práctica o efectividad = 98,2%). La continuidad anual de las participantes fue alta (91,8%).

Metodológicamente, este estudio tiene muchos puntos fuertes: abundancia de datos, pocas pérdidas en el seguimiento, inclusión en el análisis de la fase de aprendizaje, una recogida exhaustiva de información, incluido el comportamiento sexual, y una buena metodología epidemiológica para el análisis de los datos. La efectividad o eficacia práctica del método sintotérmico tiene poco que ver con la encontrada en estudios previos de inferior calidad.

Como estableció Pablo VI en la encíclica Humanae vitae, cuando existen motivos de entidad para que una pareja decida espaciar o limitar los nacimientos, el recurso a la planificación familiar natural es perfectamente acorde con la dignidad de la sexualidad humana y la ética conyugal. Por su parte, la ciencia confirma que, desde el punto de vista sanitario, la planificación familiar natural es efectiva, sana, natural y asequible a cualquier bolsillo.

 

Jokin de Irala. Profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra.
Miguel A. Martínez-González. Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Universidad de Navarra.

(Publicado en Aceprensa 07/04/2000)

Contra las conclusiones de la investigación realizada hasta ahora (cfr. artículo relacionado), un nuevo estudio parece haber descubierto que las usuarias de anticonceptivos orales viven más tiempo. En realidad, no es eso lo que cabe inferir de los datos mismos.

Firmado por Miguel A. Martínez-González  
Fecha: 16 Marzo 2010

El 11 de marzo pasado se publicó on-line en el British Medical Journal un estudio epidemiológico (Royal College of General Practitioners’ Oral Contraception Study) que ha tenido amplio eco mediático. Los méritos del estudio son innegables, pues ha conseguido una continuidad de 39 años.

Algunos medios se han quedado sólo con una parte de los resultados, y por eso nos anunciaban que los anticonceptivos parecían prolongar la vida. No es así. La lectura directa y atenta del artículo proporciona una conclusión que inclina a pensar más bien lo contrario, pues todo depende del tiempo que se espera que tarden las píldoras en tener efecto adverso sobre la mortalidad. La mortalidad es superior para las usuarias de anticonceptivos si el plazo de observación no se prolonga más allá de 9 años después de que dejaron de usarlos. Es poco creíble que después de más de 10 años sin usarlos puedan seguir teniendo efecto alguno.

Tampoco el estudio británico encuentra que haya protección a largo plazo, tras más de 10 años después de dejarlos. Cuando analizaron sólo lo que pasaba en ese largo plazo (prescidiendo del tiempo en que se tomaban y de los 9 años siguientes) se encontró un efecto prácticamente nulo. En cambio, el riesgo de morir era un 8% superior durante el tiempo de uso y los 5 años siguientes; y subía hasta un 76% más de riesgo en el plazo de 5 a 9 años tras dejar de tomarlos.

La delimitación precisa del tiempo entre que un factor actúa y cuándo se puede producir su efecto es un principio básico de la epidemiología que se debería tener muy en cuenta al interpretar este estudio.

Sorprende mucho que sea la industria farmacéutica que más anticonceptivos vende (Schering, Wyeth) una de las principales financiadoras del proyecto. Esto ha sido criticado.

Los propios autores reconocen diferentes limitaciones metodológicas y exigen cautela al interpretar sus resultados. Entre las limitaciones que ellos mismos reconocen está el healthy survivor effect (las que “sobreviven” a los antinconceptivos son un colectivo artificialmente seleccionado para vivir más en el largo plazo, a pesar de haberse expuesto antes a ellos, pues son las que los sobrevivieron), las abundantes pérdidas durante el seguimiento (sólo consiguen retener en el estudio a 2 terceras partes de las incluidas, y en epidemiología no se consideran muy creíble un estudio que siga a menos del 80%) y la falta de información sobre la incidencia real de las enfermedades, pues sólo consideran casos mortales.

Otra gran limitación que los autores no reconocen es que el estudio no tuvo en cuenta un factor tan importante como la hipertensión. Es muy conocido que los médicos suelen desaconsejar los anticonceptivos a mujeres que tienen la tensión alta. Esto hace que artificialmente se concentren más las mujeres hipertensas en el colectivo de no usuarias de la píldora. Como la hipertensión es un fuerte determinante de mayor mortalidad a largo plazo, no es de extrañar que se observen más muertes de la cuenta entre las no usuarias de píldoras. Esto no significa que la píldora sea buena, sino que la hipertensión es mala.

Estas y otras debilidades del estudio han sido objeto de respuestas rápidas en la página web del British Medical Journal.

Publicado en Aceprensa 16/03/2010: http://www.aceprensa.com/articulos/2010/mar/16/la-pildora-alarga-la-vida/

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