La Organización de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), declaró el año pasado (2009), en uno de sus documentos, que “la sexualidad es un aspecto fundamental de la vida humana, pues comporta dimensiones físicas, espirituales, sociales, económicas, políticas y culturales” [1]. El documento de la UNESCO siguió diciendo que la “educación” sexual es importante, debido “al impacto que los valores culturales y las creencias religiosas tienen en los individuos, especialmente en la gente joven, en cuanto al manejo de sus relaciones con sus padres, maestros, otros adultos y sus comunidades” [1].

Este documento, que es considerado una “guía”, contiene un conjunto de directrices para que todos los países las utilicen una vez realizadas las adaptaciones culturales apropiadas. La Guía fue desarrollada luego de una consulta con miembros de distintos organismos de la ONU: ONUSIDA, UNFPA, UNICEF, OMS [2] y la propia UNESCO. El documento considera esencial el rol de las escuelas; pues la mayoría de los niños pasan la mayor parte del día en ellas. Según la Guía, las escuelas poseen la infraestructura y los adultos de confianza — maestros y administradores — que se necesita para que puedan llegar a ser los centros comunitarios que proporcionen los enlaces a los servicios de “salud sexual y reproductiva”.

En este contexto es muy preocupante el énfasis que el informe le da al “derecho” que los adolescentes tienen a la “confidencialidad” en materia de “salud reproductiva”, al extremo de que sus propios padres quedan excluidos: “Hay lugares donde la gente puede acudir para obtener apoyo en [cuestiones de] salud sexual y reproductiva (por ejemplo: … servicios de anticoncepción [y] … aborto… Una buena fuente de ayuda mantiene la confidencialidad y protege la privacidad”.

Acto seguido el documento explica lo que significa la palabra “confidencialidad” diciendo: “Para promover la salud y el desarrollo de los adolescentes, también se les anima a los estados miembro a respetar estrictamente su derecho a la privacidad y a la confidencialidad, incluyendo la consejería y el asesoramiento en materia de salud… Esta información puede ser dada a conocer solamente con el consentimiento del adolescente… Los adolescentes que son considerados lo suficientemente maduros para recibir consejería sin la presencia de sus padres u otras personas, tienen derecho a la privacidad y pueden pedir servicios confidenciales… [Ello] incluye servicios apropiados de salud sexual y reproductiva”.

El documento define la “educación” sexual como una manera de abordar la enseñanza de la sexualidad y las relaciones que sea apropiada a la edad, culturalmente relevante y realizada de tal manera que proporcione información científicamente “precisa”, “realista” y desprovista de “juicios parcializados”. La Guía también alega que los programas actuales de “educación” sexual en EEUU y otros países desarrollados o en desarrollo, han sido elaborados con el objeto de “reducir” los embarazos no deseados y las infecciones de transmisión sexual (ITS), incluyendo el VIH; y no para proporcionar información acerca de la “salud sexual y reproductiva”.

Debemos señalar enseguida que la frase “salud sexual y reproductiva” es un eufemismo que utilizan las organizaciones antivida para ocultar el aborto y los anticonceptivos, incluyendo los que son abortivos, a pesar de que en ningún documento oficial de la ONU se ha incluido el aborto en la definición de este término [3].

Los autores de la Guía también alegan que los programas de abstinencia en EEUU han tenido un “efecto mínimo” en cuanto a posponer la iniciación de la actividad sexual. De hecho, el actual gobierno federal de EEUU tiene la misma línea ideológica de la ONU. Un “estudio”, realizado por agencias de dicho gobierno, sobre la enseñanza de la abstinencia sexual a adolescentes, arrojó las siguientes “conclusiones”, que fueron publicadas en noviembre del 2009: (1) “no hay” evidencia de que dicha enseñanza logre impedir los embarazos, las ITS y el VIH [3], y (2) se recomienda, en su lugar, una “educación” en “salud sexual y reproductiva”. [4]

Sin embargo, estas “conclusiones” del “estudio” del gobierno de EEUU, que la UNESCO ha aceptado, son absolutamente falsas. Se estrellan estrepitosamente contra los datos proporcionados en nuestro primer artículo de este mismo boletín. Y, como, demostraremos en un ulterior artículo, este “estudio” está desacreditado. (Consultar: http://www.vidahumana.org/news/19abril2010.html#3)

Basándose en esas “conclusiones”, el documento de la UNESCO propone “mejorar” la situación actual por medio de la introducción de una enseñanza “eficaz”, basada en las escuelas, de la “salud sexual y reproductiva”, comenzando a la edad de 5 años.

El segundo volumen de la Guía de la UNESCO contiene una descripción extensa y muy concreta del contenido que recomienda para esta enseñanza según las edades de los estudiantes. Los conceptos claves son (1) las relaciones, (2) los valores, las actitudes y las capacidades, (3) la cultura, la sociedad y los derechos humanos, (4) el desarrollo humano, (5) el comportamiento sexual, y (6) la “salud sexual y reproductiva”. Entre los objetivos del aprendizaje se encuentran los siguientes: (1) La redefinición de la familia en términos de “diferentes tipos de familia” para las edades de 5 a 8 años, (2) los valores en relación con el género, las relaciones, la intimidad, la sexualidad y la reproducción para las edades de 9 a 12 años, (4) y (6) el uso correcto y consistente del condón y los anticonceptivos también para las edades de 9 a 12 años y (5) la masturbación para las edades de 9 a 12 años.

En próximos artículos presentaremos el tipo de “educación” sexual que otras organizaciones antivida también quieren implementar en el mundo, como si fuese un “derecho humano internacional” de niños, adolescentes y jóvenes.

Los padres de familia hispanos de EEUU y América Latina, ¿quieren este tipo de “educación” sexual que propone la UNESCO para sus hijos? ¡Por supuesto que no! ^

 

 Felipe Vizcarrondo, MD, MA, es médico pediatra y cardiólogo, especialista en bioética, y colaborador de VHI. 
Fuente: http://www.vidahumana.org/news/19abril2010.html#3 
 Notas:
[1]. International Technical Guidance on Sexuality Education, vol. 1, The Rationale of Sexuality Education, UNESCO, http://hivaidsclearinghouse.unesco.org
[2]. El ONUSIDA es el organismo que se ocupa de la “prevención” del SIDA; las siglas “UNFPA” se refieren, en inglés, al Fondo de Población de la ONU; las siglas “UNICEF” se refieren, también en inglés, al Fondo de la ONU para la Infancia; y las siglas “OMS” se refieren a la Organización Mundial de la Salud.
[3]. Véase: “El por qué el eufemismo ‘salud reproductiva’ sí incluye el aborto (II)”, Boletín Electrónico de VHI, Vol. 8, No. 20, 2 de junio del 2004, http://www.vidahumana.org/news/2JUNIO04.html. Totalmente documentado. En cuanto a que el término “salud reproductiva” fue definido oficialmente por la ONU sin incluir el aborto, véase: UNFPA, Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, 1994, par. 7.2 y par. 8.25, http://www.unfpa.org/spanish/icpd_poa.htm.
 [4]. Prevention of HIV/AIDS, other STIs and Pregnancy: Group-based Abstinence Education Interventions for Adolescents, The Community Guide, CDC, United States HHS, http://thecommunityguide.org/hiv/abstinence.ed.html.
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Grupo de Trabajo sobre ITS.                                                         Resultados de Julio 2005-Diciembre 2007

Las infecciones de transmisión sexual (ITS) son un importante problema de salud pública tanto por su morbilidad como por sus complicaciones y secuelas si no se realiza un diagnóstico y tratamiento precoz. Así mismo, existe una importante interrelación con la infección por el VIH: por una parte las ITS aumentan el riesgo de adquisición y transmisión del VIH a través de distintos mecanismos y por otra, al compartir vías de transmisión con el VIH y tener un periodo de latencia más corto, son consideradas como indicadores de cambios en los comportamientos sexuales de riesgo.

La información epidemiológica sobre las ITS a nivel estatal se obtiene a través del Sistema de Enfermedades de Declaración Obligatoria (EDO). Las ITS sometidas a vigilancia epidemiológica son la infección gonocócica, la sífilis y la sífilis congénita, todas ellas de declaración numérica semanal. Esta información, permite detectar cambios a lo largo del tiempo. Así, a través de este sistema se ha podido apreciar en los últimos años un incremento en los casos de sífilis y gonococia notificados en toda España. Sin embargo, por razones obvias, el sistema de declaración numérica no permite profundizar en las características de los casos nuevos notificados.

Por este motivo, en Mayo de 2005 se creó el grupo de trabajo sobre Infecciones de Transmisión Sexual (Grupo de Trabajo sobre ITS), compuesto inicialmente por 14 centros de diagnóstico y tratamiento de ITS pertenecientes a 7 Comunidades Autónomas. En 2007 se incorporaron al grupo de trabajo otro centro de Murcia e Instituciones Penitencias. Los objetivos que persigue el grupo son a) monitorizar las tendencias de casos de sífilis infecciosa e infección gonocócica en los centros participantes, b) caracterizar los nuevos diagnósticos de sífilis e infección gonocócica y c) analizar las circunstancias en las que se producen estos diagnósticos.

En este informe se presenta una descripción de los nuevos diagnósticos de sífilis infecciosa e infección gonocócica identificados en los centros participantes en el grupo de estudio.

CONCLUSIONES:

– En total se identificaron 1.891 pacientes que se correspondieron con 1.918 diagnósticos de ITS (842 de sífilis y 1.076 de infección gonocócica). Al 1,4% de los casos se les diagnosticó sífilis e infección gonocócica al mismo tiempo.

– El patrón sociodemográfico muestra un predomino de los hombres, con una edad media de 34,9 años para los diagnósticos de sífilis y de 31,6 años para la gonococia. El 53% de los pacientes tienen estudios secundarios o superiores. Con respecto al lugar de origen, el 60% son españoles, los originarios de otros países provenían principalmente de Latinoamérica (Habiendo una mayor proporción de mujeres con respecto a los españoles).

– Alrededor de 1 de cada 5 diagnósticos de sífilis y 1 de cada 4 con infección gonocócica presenta además otra ITS de forma concurrente, siendo las más frecuentes la clamidia y el condiloma.

– El 40% de los diagnósticos de sífilis y de los de gonococia tenían antecedentes previos de ITS.

– La coinfección VIH/sífilis fue del 21,6% y la de VIH/gonococia del 9,0%, conociendo la mayor parte de los casos su estado serológico frente al VIH previo al diagnóstico de estas ITS. Al analizar la prevalencia de coinfección por el VIH en estas ITS según mecanismo de transmisión se observan mayores prevalencias en Homosexuales y en bisexuales que en heterosexuales: 

           * Sífilis+VIH: Homosexuales: 28,5% Bisexuales: 10,2% Heterosexuales: 3,8%

           * Gonococia+VIH: Homosexuales: 12,6% Bisexuales: 5,1% Heterosexuales: 1,6%

– El mecanismo de transmisión más probable tanto de la sífilis como de la infección gonocócica fueron las relaciones homosexuales entre hombres (67,9% junto con los bisexuales, de los casos de Sífilis)

– Un tercio de los casos de sífilis y de gonococia en hombres que tuvieron relaciones con hombres se han transmitido sólo por sexo oral.

– El 44,3% de los diagnósticos de sífilis y el 48,0% de los de gonococia habían tenido entre 1-5 parejas en el último año. 

– En el 3,9% de diagnósticos de Sífilis y en el 2,8% de Gonococia, de los que constaba información, la adquisición de la ITS se atribuye a un accidente con el preservativo.

– Las situaciones de riesgo más frecuentes para la adquisición de éstas ITS fueron las relaciones sexuales con un contacto esporádico (71,8% en españa) seguidas de la relación con la pareja estable (37,7% en españa). 

– El 10,8% de los nuevos diagnósticos de sífilis y el 7,6% de los de gonococia ejercían de la prostitución; el contacto con la prostitución estuvo presente como situación de riesgo en el 7,4% de los diagnósticos de sífilis y en el 9,6% de los de gonococia .

Fuente: 
Estudios publicados en Febrero 2009 por el Ministerio de Sanidad y Consumo, Ministerio de Ciencia e Innovación y el Instituto de Salud Carlos III.